
Una vez, hubo una llanura de tierra seca de color rojo que decidió invertir los colores de su paisaje.
Desde entonces, quedó como se ve en la foto de arriba.
Fin.
Una vez, hubo una llanura de tierra seca de color rojo que decidió invertir los colores de su paisaje.
Desde entonces, quedó como se ve en la foto de arriba.
Fin.
No les recomiendo que Cayetano les ayude con las tareas de Matemáticas. Es un fastidio total, repetitivo y castroso. No sólo no sabe nada del tema, sino que aparenta que lo sabe todo.
Primeramente me criticó por el hecho de pedirle ayuda. Es un globito pues, y al parecer quería ayudar, aunque su prepotencia de globo hizo que mi tarde de estudio se convirtiera en un martirio total.
-Te digo que estás mal, pero no me quieres hacer caso, si repruebas no va a ser mi culpa.- Me dijo Cayetano, en un problema de Funciones Racionales.
-No manches, pinchi globito hediondo, me vas a ayudar o no? No estoy aquí para que un trozo de plástico me sermonee!.- Le respondí un tanto desesperado.
-Oh que la chingada contigo, yo que sacrifico mi tiempo de globo para venir y ayudarte y tu que te pones como colegiala berrinchuda! No hay fianza en este país!.- Reclamó aun mas enojado el globito, quien parecía estar tramando algo. El muy desgraciado quizo suicidarse del coraje y se lanzó al bote de basura. Lástima para él, estaba lleno de papeles.
-Para la próxima, globito pandroso, estudias antes de venir a ayudarme, okey?.- Le reclamé, y pues asustado por su intento fallido de suicidio, mejor se puso a corregirme correctamente, sin reclamar. Luego de casi 2 horas de estar jorobando la borrega, finalmente entendió la lección:
"Un globo nunca puede ser maestro de matemáticas"
Con el tiempo la Hierba fue desapareciendo, y hoy es bastante complicado obtener un ejemplar para el uso personal. Que agradable es tener una en casa!
Para Mayo, según los cálculos de alguna que otra
persona de la tercera edad, comenzarán las lluvias. Con esto del cambio
climático y esas cochinadas pues definitivamente ya no se puede saber. A mi me valdría madres todo si lloviera siempre.
No es que no te quiera Sol, pero es que de verdad
ya me caíste mal.
P.D. Rompí las reglas, hoy tocaba alguna novelilla
pero no hubo respuesta pa'l borracho, tons mejor le di chance a la lluvia. El
que esté libre de pecado, arroje la primera piedra (nótese que yo ya no puedo
arrojar piedras)
La noche había caído ya sobre la ciudad. Estaba en mi cuarto, leyendo alguna que otra cosa, trivialidades impresas para entretenerme, cuando mi madre me llamó para cenar. Salí del cuarto y me interceptó mi papá, que me señaló la pantalla del televisor. Estaba el noticiero.
Resulta que los Estados Unidos habían liberado, de forma accidental y estúpida, un misil con destino a un satélite espía ubicado en algún lugar de la estratósfera. Me alarmé de cierta forma, aunque estaba consciente de que los E.U.A. cometían constantemente ese tipo de estupideces. Sin embargo, al bajar a la cocina, no pasados ni dos minutos de haber despegado los ojos de la televisión del cuarto de mis padres, estaban pasando otra nota, ahora en la televisión del comedor, que anunciaba lo peor:
El misil caería sobre la tierra, y tenía la suficiente fuerza para destrozarla.
En ese instante, justo terminé de escuchar la nota, comencé a escuchar gritos desaforados anunciando el fin del mundo, el apocalipsis, la venida de Cristo, etcétera. Entonces pensé, mirando al suelo y con las manos frías, que moriría joven. Y eso fue algo detestable.
Salí al patio, hacía un frío tremendo. Pasaron por el cielo unas centellas de color rojo volando hacia todas partes y chocando entre sí, provocando explosiones y gritos aún mas aterradores entre la gente.
Podría decir que todo Lagos gritaba.
Entonces, mientras contaba mis últimos minutos, aparece en el cielo un gigantesco misil de color rojo que hacía que la tierra temblara aún estando en el aire. La gente gritaba, a mí me sudaban las manos, miraba a mis padres y ellos me miraban, ni nos despedimos, no sabíamos lo que sucedería.
El Misil tocó tierra, la explosión fue terrible, pero más bien fue como un terremoto gulivérico. La gente gritaba con más fuerza que antes y sus gritos eran aún mas desgarradores. Yo nunca supe si grité. El mundo había terminado ya, ¿de que servía gritar?
Entonces todo se puso negro. El experimento de Dios había terminado.